jueves, 31 de marzo de 2016

Parte de mí, en imágenes

portrait

El inicio


Dice la historiadora Diana Uribe que la humanidad puede contar su pasado en la medida que los escritos o evidencias lo permiten.... y he aquí un pedazo de mi tiempo en imágenes guardadas en viejos álbumes que se niegan a desaparecer a pesar de la humedad y el olvido. Años más atrás seguro habría que contar, pero traeré lugares que me recuerdan con nostalgia esos momentos que hicieron parte de mi historia, ya no tan reciente.

Me llamo Julián pero me hacía llamar Sietecueros por el afecto que guardé, en mis días de viajero por los bosques del Quindío, a una planta arbórea que los nativos de antes llamaban "Tibuchina".  Afecto que compartí con mis maestros, amigos y estudiantes de un romántico pueblo de mi departamento... afecto que se hizo grande, cuando su leyenda, llena de arrieros y caminos de herradura olvidados en nombre del desarrollo se hicieron tangibles ante mis sentidos, ávidos de colmarse de asombro.

Autoportrait



Soy en síntesis, un hombre solitario.  Atormentado por la oscuridad y la luz; por los ángeles y por los demonios que habitan en ésta y en todas las mentes que se debaten entre lo que se quiere y lo que se es.

Pero al comienzo era distinto:  El rock en español de los años 80, el house music de los 90 y la explosión de emociones en una adolescencia marcada por la curiosidad y la lectura hasta la saciedad me hacían sentir especial; raro, quizás.  Pero era "chévere". Pasé las horas enteras devorando literatura costumbrista y entendiendo un pasado del que mi abuela solía hablarme de niño y del que quise llenarme como si fuese el mío propio.  Como en un acto de resiliencia por situaciones que no traeré al caso hice en el pasado regional mi propio lugar:  La colonización, la Violencia y los relatos sobre espantos y aparecidos fueron mi bocadillo predilecto a la hora de leer.   Desde entonces, hice del pasado de mi tierra el mío propio...  y poco ha cambiado. 


El sueño va sobre el tiempo,
flotando como un velero,
nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.

El sueño va sobre el tiempo
hundido hasta los cabellos,
ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
 ...
(La Leyenda Del Tiempo,
Federico García Lorca)